Elier's profileLa cuevaPhotosBlogListsMore Tools Help

La cueva

Sólo despierta y sigue tus manos... En algún lugar del orbe
Photo 1 of 16
February 20

Nuevo Proyecto

Esta historia es parte de un proyecto escolar, pero la voy a ir pegando aquí. Advierto que sólo es un borrador, pues la cosa es hacer algo más largo. Espero les guste a los lectores.
 
 
Capítulo 1 Desiciones
 
 
 

“Mi padre debe morir- pensaba Roberto -.Debe morir por los pecados cometidos contra mi madre.”

 

La noche de marzo era tibia, tenebrosa, triste. Culiacán estaba sometido por el cielo nublado y en el centro de la ciudad Catedral se veía opaca opaca a pesar de ser el faro que guía a los vagabundos cuando naufragan en el negro mar de las calles.

 

 Eran las doce de la noche cuando Roberto se sentó en la escalinata del templo. Estaba cansado de pensar, de llorar, de llevar sobre sus hombros el peso de sus pecados y de ver como su madre se había convertido en una ruina que camina y que el paso de las desgracias y los años han degradado cada día en los últimos tiempos.

 

  Rodrigo los había abandonado hacía un par de años para estar con otra mujer. Fue un abandono como cualquier otro, que en otro tiempo hubiera sido como un regalo o un descanso, pero entonces había sido la peor forma en la que pudieran haber castigado a su madre. Un abandono como ese tenía nombre, tenía ojos y tenía un precio tan alto que sol había una forma de pagarlo: la muerte. Un abandono por otro.

 

  Eran tantas las cosas que giraban en la cabeza de Roberto. La justicia por propia mano es un pecado tan malo como todos los demás, pero si se le hace justicia a un pecador ¿no se está actuando por obra divina? Sólo Dios puede hacer justicia, pero si el pecado fue cometido por un hombre contra otro ¿no es él quien debe decidir el castigo que el pecador recibe y merece? Las nociones del concepto pueden variar de un hombre a otro o de un pecado a otro, porque hay ocasiones en las que se comenten pecados para hacer algo bueno, pero hay otros que vistos desde todos los cristales son malos, y son esos los que deben castigarse. A pesar de todo, las cosas se reducen a algo tan simple y sencillo: Un pecado. Justicia. Crimen y Castigo. Caín y Abel. El primer pecado cometido contra un hombre fue ese. Caín mató a Abel por envidia y Dios hizo justicia. Rodrigo iba a matar a su padre por haber abandonado a su familia y dejarla sin ninguna forma de sostenerse. Dios hará justicia. La justicia tiene nombre: Colt 45.

 

  Comenzó a llover. Los vagabundos corrieron para buscar refugio bajo la parada del camión. Rodrigo se quedó sentado en el mismo lugar, pensando, llorando. Tenía la Colt 45 en la mano. La veía. Se ponía el cañón en la frente. En la boca. En la Sien. Pensaba en jalar el gatillo. Volarse la tapa de los sesos. El pago por sus males. Abandonar este mundo. Él también era un pecador. El mecanismo se mueve. Se tensa la mano. Choca el metal. Rechina. Los nervios se disparan. Su vida pasa frente a sus ojos. Ve las puertas del infierno. Sus ojos se cierran. Bum. Aún no.  No es tiempo todavía. Su venganza personal no se ha concretado.

 

  Siguió viendo la pistola por largo rato. El rostro de su madre vino a su mente perturbada arrastrando un largo río de amargos recuerdos. La veía como había sido antes: alegre, joven, brillante, hermosa y plena por la felicidad que había en su vida. Así había sido Rebeca en años anteriores, pero hacía tanto de eso que lo único que quedaba de su belleza y su felicidad eran los recuerdos; ahora se veía muerta. La luz de sus ojos cafés se había nublado, la alegría de su sonrisa fue remplazada por un gesto de miseria. Conforme pasaban los años le iba costando más y más mantenerse en pie, seguir luchando y ver la poca felicidad que le quedaba.

 

  El reloj de Catedral marcaba las dos de la mañana cuando Roberto se puso de pie-

-Ya es hora- se dijo a sí mismo.

 

  Se quedó parado un momento. El paso que iba a dar entonces parecía demasiado pesado. Sabía que no habría forma de arrepentirse si seguía adelante. Lo que vendría después tal vez sería igual o más desastroso de lo que estaba pasando en ese momento. Tal vez tendría que ser prófugo de la justicia que él mismo quería cobrar, o tal vez el resultado de sus actos no sería el esperado. Pero además de todo lo que pudiera pasar después de que todo aquello terminara había algo que lo hacía dudar: el hombre al que iba a matar, el que debía devolverle  los años de felicidad perdida de su madre, el que tenía que pagar por sus pecados, era su padre: el hombre que le había dado la vida y al que le debía todos los momentos de felicidad de su niñez. ¿De verdad iba a matarlo? ¿Tendría el valor necesario para llevar a cabo tal acción? Las dudas comenzaron a atacarlo y la pistola en su mano comenzó a temblar.

 

  Un relámpago llenó el cielo. Una sirena se chilló en alguna parte del centro y murió de inmediato por el trueno que siguió después. Un automóvil pasó como centella por la Obregón. Tal vez esa era la vida que le esperaba después de todo aquello, pero ¿qué era más importante? ¿La felicidad de su madre o que él estuviera toda su vida viéndola caer? Si se ponían las cosas en una balanza, todo lo que hubiera que hacer para recuperar a Rebeca, no a la de antes del abandono, sino a la Rebeca que había sido antes de que todo aquel torbellino de desgracias empezara a dar vueltas, cualquier cosa que hubiera por hacer, sería un pequeño esfuerzo solamente. Pero ¿y si fallaba? ¿Qué iba a pasar si no llegaba a cumplir su objetivo? Estas preguntas eran las que lo hacían dudar de sí mismo. La determinación de matar a su padre era tal que nada podría hacerle cambiar de opinión, pero si llegaba a fallar, toda su vida iba a quedar marcada. Cuando la gente lo viera iban a pensar “ahí va el tipo que intentó matar a su padre” y lo que era peor “falló al intentarlo y todavía tiene el valor de caminar por las calles como si nada hubiera pasado”. No podría mirarse al espejo y soportar tal acto de hipocresía. Si iba a matar a Rodrigo iba a tomar la Obregón, llegar hasta la Lomita, pedir perdón por su alma, entrar a la colonia Guadalupe, buscar la casa de su padre en alguna de las calles y dispararle hasta que el cartucho de la Colt quedara vacío, pero si no iba a matarlo, no tenía sentido que empezara a caminar.

 

  Se le nublaba la vista de tanto pensar. De pronto empezó a tener dificultades para respirar. Soltó la pistola. El estómago le dio tantas vueltas que cayó de rodillas al suelo y empezó a vomitar. La respiración seguía siendo difícil, pero logró ponerse de pie después de tranquilizarse y aclarar sus ideas. Todo estaba decidido ya. Iba a matar a su padre aunque acabara en la cárcel o muerto a manos de la justicia. Eso tenía que bastar para que los pecados cometidos quedaran exentos.

 

  Volvió a tomar la Colt del suelo y vio en dirección a la Lomita. De nuevo, el rostro de su madre le encharcó las pupilas. Su mirada se incendiaba a medida que pensaba en el sufrimiento de Rebeca. Pensó en la otra mujer. Imaginó como iba a estrangularla después de matar a su padre. Las manos apretando su cuello. La respiración forzada de la mujer. Los ojos desorbitados por la falta de oxígeno. El cuerpo aflojándose cada vez más justo antes de la muerte. Las puertas del infierno abriéndose. La felicidad de Rebeca.

 

  Sus pies pesaban una tonelada pero finalmente lo logró. Dio el paso que tenía que dar, pero no se sintió liberado. Todo lo contrario. Sintió que algo seguía presionando para que se detuviera en su tarea. No había marcha atrás ahora. Todo era cuestión de llegar hasta la Lomita y pedir perdón a Dios por lo que estaba a punto de hacer, después de eso, tal vez todo sería más fácil. El rostro de dicha y felicidad de su madre era el único motor que lo motivaba a seguir caminando. Dos pasos. Tres pasos. Diez pasos. La Colt fría en sus manos. El corazón tranquilo.

 

“Mi padre debe morir”

 

  Después de ese pensamiento, Roberto comenzó a correr y sus pasos rebotaron por todo el cuadro de Catedral. El camino a la Lomita no era tan largo.

December 03

Rock

Cuando la música termine,

cuando la púa caiga de mis dedos

y el amplificador deje de vibrar

yo no estaré ahí.

 

Todos los ojos se cerrarán a la vez,

el humo rodeará sus almas

y el acorde de Mi disparará en sus cabezas.

“El Rock latirá entre el orgasmo de sus vidas”

 

Pero cuando la música termine,

la guitarra vibrará en una nota infinita.

Una nota enorme y sin nombre

y un tributo caerá desde los cielos.

 

Entre gritos de almas sin dueño,

y aplausos acompasados de euforia

surigirá un propósito que cantará

por si mismo: “El orgasmo del Rock”

 

Pero al final no quedará nada.

Ni guitarra, ni amplificador

ni el cable que alimenta mi vida.

 

Cuando la música termine,

Habrá un minuto de silencio

y tu corazón latirá… latirá…

October 27

Orgasmo

 

Ven a mi infierno,

saborea mi fuego,

quémate entre mis labios.

Siente mi orgasmo entre tus manos.

 

Con estas indicaciones

puedes jugar al amor.

Mis manos te forjarán

una nueva figura. Mi figura.

 

Se el arquitecto del cielo.

Se quien forje el sexo.

Tienes el material de mi amor.

Tienes el barro de mi alma en tus manos.

 

Con estas indicaciones

puedes ser dios.

Ahora cierra los ojos

y mastúrbate hasta el fin del mundo

 

October 14

Sombras

Sombras

 

 

Se proyecta mi sombra en tus manos

Mi sangre y mi saliva se revuelven en mi garganta

Y cuando vomito, vomito tu nombre.

Me asesina tu nombre.

 

Mi tumba llora porque tú no la besaste

Y mis parpados cerrados piden a gritos

Que vuelvas a besarlos, que vuelvas a tocarlos,

A sentirlos, a amarlos.

 

Tócame aunque sea una vez

Toca esta roca en pie que nunca muere,

Aunque ya murió hace una eternidad,

Nunca morirá del todo, hasta que tu amor vuelva.

 

Mis pecados tienen tu nombre escrito,

Mi piel esta marcada con el nombre de tus pecados

Mi corazón sangra. Sangra tu nombre

 

Tu sombra es todo lo que tengo.

No me quites tu sombra, pues me asusta

La luz del mundo.

Déjame encerrado y tira la llave

Al río de lágrimas.

 

Lo único que quiero ahora es ahogarme con tu licor

Vete y déjame tu alma

Vete y escribe la dirección de tu viento en mi cara.

Vete… pero vete amándome otra vez.

March 25

Una falsa promesa

 

 

No se escucha nada en la noche, sólo el manifiesto del silencio acompañado por el canto de los incontenibles grillos y el compás a tres cuartos provocado por el cuentagotas eterno que fácilmente puede confundirse con el incontable y brillante lagrimeo del cielo. A no ser por eso, el sonido queda ahogado y estrangulado completamente por las manos de luz de ese monstruo blanco al que llaman Luna.

   La caricia del viento toca las hojas de algún árbol, provocándoles placer y dotándolas con una aterradora bosque chilla y enmudece el silencio enterrándolo en lo más profundo de la oscuridad. Algunas de las hojas que ya no chillan caen sobre el techo de una húmeda y lúgubre casa en la que se escribe la historia.

 

Rodrigo se acerca hasta Alma, toca sus labios pequeños y rosados por el frió y la observa con unos ojos que no le pertenecen. Ella besa su dedo luego de cerrar los ojos y se ve envuelta en un manto de pasión, de deseo, de escalofríos y de locura, Las manos de ambos comienzan a recorrerse armoniosamente, luego pasan por sus rostros y cierran el ciclo atrapándose mutuamente con la débil fuerza de un latido.

  Sus miradas pierden el sentido de la razón y de un momento a otro comienzan a buscarse, como tú estas buscando los secretos de mi tinta, para entregarse a la lujuria que sólo pueden entregarse aquellos que han sido infieles al "Amarte y respetarte todos los días de mi vida".

  Las manos de Rodrigo son víctimas inevitables de las caderas de su amada. Se ven obligadas a subir lenta y apasionadamente a causa de la petición que la mujer le hace al oído.

-Desnúdame.

  Las pieles comienzan un frenesí que no se puede detener. El solo leve contado les provoca olvidarse de la vida de afuera y hacer que todo el mundo, todas las cosas maravillosas que cada uno a ha escrito durante toda su historia, todo lo que pudiera ser significante para cualquiera de los dos y todo lo demás se queden en otro plano, y en el suyo, solo están ellos dos dentro de la habitación.

   Las ropas caen lentamente y se llevan todo lo que le estorba al amor, como un huracán que se lleva todo lo que la naturaleza no ha engendrado ni engendrará jamás. Así ellos desnudan sus cuerpos y sus almas para comenzar el juego de los amantes prohibidos.

  Te amo, Rodrigo- La voz queda, trémula y aguda de la joven se hago dentro de esta habitación y hace arder el corazón de su compañero fiel y en la infidelidad- Te amo.

 -Te amo, Alma.

 -Bésame, amor mió.

 -Dejemos que nuestra piel sea testigo de nuestro hermoso pecado y que nuestros corazones se unan entre tus sábanas. Deja que mi deseo se apodere de tu cuerpo, llevándote hasta mi razón y volviéndote loca en ella.

 -Hazme el amor.

-No. "El amor nos hará."

  Ambos se tiran en la cama. Sus bocas se pierden una dentro de la otra. Sus ojos no ven otra cosa que la oscuridad de sus deseos y de pierden los unos dentro de los otros.

 

Afuera estalla la tormenta.

  El viento que soplara antes se ve fácilmente cegado por los truenos que provoca la furia del cielo y se va a quedar enterrado junto con el silencio.

  La lluvia asota la ventana que está un poco a mi izquierda. La deja empañada. La nubla. Se nubla también mi mente al no poder hacer que mi negra tinta describa el amor con el que se aman Alma y Rodrigo. La misma tinta comienza a quedarse muda con el sonido que profieren sus almas, sus corazones fusionados, sus deseos vueltos uno. Comienza entonces el ciclo de un interminable y misterioso amor. Un extraño amor.

  La ventana se abre con la furia de un viento renacido y los truenos y los rayos y los relámpagos se apoderan de la habitación.

 

 

  Los cuerpos de los amantes se mueven de extraña forma. Se destrozan y siguen destrozándose hasta que parece que llegarán al éxtasis, pero no. Giran y giran el uno sobre el otro como giran los grandes engranes del tiempo, que siempre trae la enfermedad de todas las curas y la verdad de todas las mentiras. Así giran la pasión y el deseo a su alrededor.

   No importan mucho las cosas que se dicen, pues sus voces casi no dicen nada y son imperceptibles por los truenos que se han escabullido al recinto. Lo único que sobresale son los constantes "Te amo" que le devuelven a sus cuerpos la energía y el deseo de reiniciar el ciclo.

 

  Pasan las horas. Pasan tan lentamente que los tres nos hemos olvidado de que existen. Mi cuerpo está tan cansado como los suyos por lo agotador que ha resultado el amor infiel, mas sin embargo, el deseo y la tinta son interminables y el amor se repetirá hasta que se acabe la tinta y la tinta no cesará si el amor no detiene su marcha.

 

  Algo extraño esta pasando. ¿Qué ruido es ese? ¿Sigues leyendo, verdad?. No te detengas todavía. Algunos pasos que no pertenecen a este ritual comienzan a entrar en el ciclo. Unos zapatos caros hacen un ruido espeluznante que ni Alma ni Rodrigo han notado por seguir bebiendo de sus bocas sabor a vino tinto. Los pasos, unos tras otro, comienzan a invadir la locura y los impulsos eléctricos que se generan en un ambiente como en el que estoy ahora. Mi piel comienza a experimentar un escalofrió inexplicable cuando ese ruido a cuatro cuartos comienza a fusionarse con los truenos y en la habitación no se escucha mas que el sonido de los cuartos que interrumpen el vals del amor en el que solo dos entes pueden bailar. El ruido que invade es cada vez más espeluznante en mi cabeza, pero Alma y Rodrigo siguen perdidos entre sus ojos y las sábanas.

Algo extraño pasa entre la oscuridad y la cama en un espacio como de un metro. Cada vez más cerca de romper el círculo vicioso. Más cerca. Más cerca. MÁS CERCA.

-Yo sólo estoy escribiendo.

  El hombre extraño vestido con ropa de oficina y boca sabor a cigarrillos está tan cerca que puede oler el olor del amor. En su rostro, sus ojos brillan con un chisporroteo como de furia y decepción y brillan como dos luciérnagas en un lago tan oscuro como el deseo de los amantes.

  En sus ojos hay un chisporroteo como entre enojo y decepción y por sus venas corre ese sentimiento sin nombre que sale a flote cuando alguien desubre al hombre que más aprecia y a la mujer que mas ama compartiendo el mismo lecho.

 -¿Por qué?

El cuerpo de la mujer salta en la cama, como si algún demonio le recordara los males que ha hecho al escuchar la voz de aquel hombre. Toma sus sábanas para cubrirse la verguenza y los pecados que ha cometido esa noche, se aferra a ellas como si fueran el escudo que va a protegerla de su castigo.

-¿Por qué?- La voz del hombre hace eco por toda la habitación y dentro de la cabeza de Pedro y Alma mientras repite esa pregunta- ¿Por qué?

-Por olvido, Pedro, esposo mío. Te olvidaste de nuestro amor y te dejaste envolver por esa red de rutinas y café por la mañana. Hiciste de nuestro lecho un libro lleno de telarañas de olvido; hiciste de tu oficina un estilo de vida y dejaste que mi fuego se consumiera a si mismo dentro de mí.

-Tu esposa le fue fiel a nuestro mutuo deseo. Sólo dejó que su corazón hablara por ell. Siguió los pasos de su razón y se acurrucó entre mis brazos donde encontró la forma de serle fiel a su propio espíritu.

-Eso no les daba derecho- Pedro pierde el control de si mismo a medida que escuchaba las palabras envenenadas de los amantes falsos que se encuentran en la cama cubiertos de blanco- Eso no les daba derecho a...-

 Comienza a buscar entre su abrigo algo con que defenderse. Tenía ya guardada el arma con la que le pondría fin a ese ciclo tan perverso como lo son aquellos que lo llevan a cabo.

 -Yo se que no tendré tu perdón jamás, ni el de mi dios- La mujer busca debajo de la almohada un objeto con el que estaba segura terminarían las penas de su amante y las suyas. Sabía que era ese el único método de traer paz y amor eterno a su vida.- Pero yo tampoco te perdono por haberme dejado morir.

Las sábanas salieron volando bruscamente frente a los ojos de la verdad. Los cuerpos desnudos quedaron por completo a la vista de los demonios de la noche y un grito desgarrador dejó completamente sordos todos los demás ruidos que antes se escucharon.

-¡¡¡MUERE!!!

-¡¡¡NO!!!TU MUERE

Una serie de trueno que no le pertenece al cielo sacudieron las cuatro almas que hay aquí y en el vacío creado por el suspenso solo quedó el eco de la última palabra proferida por aquella mujer que había enloquecido por amor. Su vida había terminado en un torrente color vino que salía de su corazón.

 

 

  Rodrigo ahora está inerte por el miedo y la desesperación de ver que su vida se escapa lentamente desde dentro del cuerpo de su amante. Su alma ha salido ya de su cuerpo y sus ojos no saben si ese hombre que lo observa desde sus ojos, con un arma en la mano y decidido a cerrar las puertas de su existencia es real o producto de la locura de su mente.

-Tú, quien se decía mi amigo; tú, quien me acompañó en los momentos más duros que un hombre puede soportar; tú, quien me juró lealtad eterna. Tú me engañaste y te atreviste a ver a mi esposa con lujuria y falsos pensamientos- Pedro esta completamente perdido en los ojos del hombre que lo observa, concentrado en la negrura que no alcanza a distinguir por la misma oscuridad.- Ahora estarás ciego, en este mundo y en el otro.

  Un último trueno falso ensordece el espacio de estas cuatro paredes. Luego... un nuevo cuentagotas similar al de las lágrimas que corren por las mejillas de un hombre que se ve obligado a acabar con la vida de aquellos que alguna vez fueron los dueños de su amor... los grillos... el silencio.

 

 

  Pedro da unos cuantos pasos en mi dirección. Viene aproximándose como si la sangre de su cuerpo avandonara lentamente su paso y le provocara ese tambaleo tan elegante como el de la muerte al poseer un nuevo cuerpo. Su vista se nubla. Se nubla mi mente al no poder describir la forma en la que su cuerpo cae sobre mi mesa y su cara adopta el gesto de aquello hombres que van a iniciar un discurso. Él no dice nada. Sólo cae al piso, dejando tras de sí un rastro color sangre que llena todo el piso con el hedor de la muerte.

Aquí, mi tinta cambia de negra a roja y acompaña el alma de Pedro hasta el otro mundo. Sigue leyendo. Las letras brincan del papel a la mesa. A una de sus patas. A la silla. Al piso. A la cama. Y finalmente escriben las palabras que cierran el ciclo. Una falsa promesa.

 

 

“Prometo amarte y serte fiel… todos los días de mi vida… hasta que la muerte nos separe… y nos vuelva a unir…”

 

  
 
 
Hasta aquí mi relato. Espero que les guste este nuevo material después de dos meses de ausencia. Esperen pronto el que sigue. Me despido.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                                                                                                                                ATTE
                                                                                                                                                            Elier.